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Roberto y Eva, los dos torrejoneros que han cambiado la vida de más de 2.600 niños gambianos


Roberto y Eva son los impulsores de la Fundación ITT Gambia, un proyecto que nació casi por necesidad tras la desaparición de una ONG que dejó en el aire varios programas educativos en el país africano.

Lo que empezó como una respuesta urgente para evitar el cierre de dos escuelas rurales se ha convertido, con el paso del tiempo, en una iniciativa consolidada que ha permitido mejorar la vida de miles de niños, niñas y familias en distintas comunidades.

Instalados desde hace años en Gambia, ambos han apostado por un modelo de cooperación basado en el trabajo directo con la población local, alejándose de enfoques asistencialistas para construir proyectos de forma conjunta.

La educación es el eje central de su labor, pero su impacto se extiende también a ámbitos como la sanidad, la alimentación o el desarrollo comunitario, con el objetivo de generar oportunidades reales y sostenibles en el tiempo.

¿Cómo nace vuestro proyecto en Gambia?

Nuestro proyecto surge cuando una ONG con la que colaborábamos desaparece y deja sin cubrir varios proyectos educativos. En ese momento había dos escuelas en Gambia con unos 280 niños matriculados que corrían el riesgo de quedarse sin colegio.

Decidimos dar un paso adelante para que esos proyectos no terminaran. Empezamos a implicarnos más hasta que desde la dirección de la empresa ITT en España se nos planteó crear la Fundación ITT Gambia para dar continuidad a ese trabajo.

¿Qué supuso ese paso para vosotros?

Supuso poder trasladarnos a vivir a Gambia y trabajar desde allí de forma continua. La diferencia es que ahora trabajamos directamente con el equipo local, de manera horizontal. No vamos a imponer proyectos, sino a construirlos junto a la comunidad, entendiendo sus necesidades reales.

¿En qué áreas trabajáis actualmente?

Nuestro proyecto principal es la educación, gestionando dos escuelas rurales en poblados donde antes no había acceso cercano, en Sare Bigi y Manduar.

Además, apoyamos a asociaciones y cooperativas locales, especialmente en ámbitos como mujer, juventud, medio ambiente o desarrollo comunitario. Gambia ha vivido recientemente un cambio importante tras años de dictadura, y están surgiendo muchos movimientos sociales a los que prestamos apoyo de diferentes maneras, en temas de marketing, financiación, etc.

¿Cuántas personas se han beneficiado de vuestro trabajo?

Más de 2.600 niños y niñas han pasado por nuestras escuelas desde que comenzamos. Actualmente hay unos 320 alumnos matriculados. El impacto va más allá de los niños, porque también repercute en sus familias y en toda la comunidad.

¿Cómo ha evolucionado el proyecto con el tiempo?

Empezamos con la educación, pero pronto vimos otras necesidades. Detectamos problemas de alimentación, así que creamos un comedor escolar para garantizar al menos una comida de calidad al día. También comenzamos a apoyar en aspectos sanitarios.

¿Qué papel juega la educación en Gambia?

Es fundamental. Para nosotros, los dos pilares clave son la educación y la sanidad.

Gambia ha mejorado en los últimos años, pero sigue habiendo retos importantes. Uno de ellos es el idioma: el inglés es oficial, pero no es el idioma que se habla en casa. Muchos niños no tienen contacto con él hasta que llegan a la escuela.

Antes, en zonas rurales sin colegios, el analfabetismo alcanzaba cifras cercanas al 95%. Gracias a la educación, los jóvenes pueden acceder a más oportunidades: desde continuar estudios hasta trabajar en sectores como el turismo o ayudar a sus familias en gestiones básicas.

¿Qué diferencia vuestro modelo de cooperación?

No creemos en un modelo paternalista. No nos consideramos cooperantes ni venimos a “ayudar”, sino que formamos parte de un equipo con el objetivo común de mejorar las oportunidades educativas y el desarrollo de la comunidad.

Trabajamos desde la igualdad con la gente del entorno. Ellos tienen conocimientos, capacidades y experiencia. Nuestro papel es acompañar y apoyar, sobre todo en financiación y estructura.

¿Cuál es vuestro objetivo a largo plazo?

Que los proyectos sean autosuficientes. Queremos evitar que, si algún día no estamos, todo desaparezca. Por eso impulsamos iniciativas que generen recursos propios, como pequeños negocios locales o proyectos vinculados a las escuelas.

¿Cómo está formado el equipo de la fundación y cómo os organizáis para desarrollar los proyectos en Gambia?

Coordinamos los proyectos desde Gambia, donde vivimos gran parte del año, trabajando junto a un equipo local que es clave en el día a día.

Contamos con una persona de referencia allí y con un equipo de cerca de 30 profesionales entre docentes, cocina y mantenimiento que hacen posible el funcionamiento de las escuelas.

¿Cómo se financia la Fundación ITT Gambia?

Principalmente a través de socios y donantes que cubren los gastos básicos: salarios del profesorado, materiales y alimentación.

Las mejoras de infraestructuras se realizan gracias a acuerdos con empresas. Además, conseguimos que el 100% de las donaciones llegue a los proyectos, ya que nuestros gastos profesionales están cubiertos externamente gracias a la empresa ITT de la que somos empleados.

¿Cómo surge la colaboración con el CEIP Andrés Segovia?

A través de una de las profesora 4º curso, Lucía, que nos propuso participar en el proyecto educativo Design for Change. Nos llamó mucho la atención porque son los propios alumnos quienes proponen soluciones para mejorar una realidad.

¿En qué consiste el proyecto que han desarrollado los alumnos?

Los niños han trabajado durante todo el curso para ayudar a equipar un aula completa de una de las escuelas en Gambia.

Han decidido recaudar fondos para comprar mobiliario fabricado por una ONG local gambiana a partir de plásticos reciclados recogidos de la playa. Es un proyecto que además incorpora un componente de economía circular muy interesante.

El impacto es doble: 

Por un lado, mejora directamente las condiciones de la escuela en Gambia.

Y por otro, genera un aprendizaje muy potente aquí: los niños entienden que sus acciones tienen un impacto real y que pueden contribuir a cambiar las cosas.

¿Qué va a ocurrir el 22 de mayo?

El próximo 22 de mayo desde las 16h, el alumnado de 4º de Primaria ha organizado un festival y mercadillo solidario abierto a todo el mundo en el CEIP Andrés Segovia.

Será una tarde con distintas actividades preparadas por ellos mismos, como actuaciones, juegos y un mercadillo con productos elaborados junto a sus familias. Es un evento pensado para compartir, disfrutar y, al mismo tiempo, dar visibilidad al proyecto en el que llevan trabajando todo el curso.

Todo lo recaudado se destinará directamente a equipar un aula en una de las escuelas. Por supuesto, los niños y niñas serán testigos del resultado de sus acciones a través del seguimiento que haremos.

¿Qué mensaje lanzaríais a la gente de Torrejón?

Que se acerquen, que conozcan el proyecto y que vean el trabajo que han hecho los niños. Es una oportunidad para apoyar una iniciativa que nace desde la educación y además una forma muy bonita de conectar lo que ocurre aquí con el impacto que puede tener a más de 4.200 km.


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