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Alimentación Arturo echa el cierre tras casi medio siglo siendo el comercio más longevo de Las Fronteras


Las Fronteras dice adiós a uno de sus vecinos más emblemáticos. Arturo Morales ha bajado definitivamente la persiana de Alimentación Arturo, el ultramarinos que abrió sus puertas en diciembre de 1979 y que, durante 46 años, se convirtió en mucho más que una tienda de alimentación: fue un punto de encuentro para varias generaciones de vecinos y uno de los comercios más longevos y queridos del barrio.

Con motivo de su jubilación, el alcalde de Torrejón de Ardoz, Alejandro Navarro Prieto, recibió este jueves a Arturo, acompañado por su mujer y su hija, para hacerle entrega de una placa en reconocimiento a su trayectoria al frente del establecimiento situado en el número 8 de la calle Torrejón.

Durante casi medio siglo, el pequeño comercio fue testigo de la evolución del barrio de Las Fronteras y del crecimiento de hasta cuatro generaciones de familias torrejoneras. Quienes cruzaban la puerta de Alimentación Arturo no solo encontraban pan, leche o embutido, sino también una conversación, una sonrisa y el trato cercano de un comerciante que conocía a la mayoría de sus clientes por su nombre.

Con el cierre del establecimiento desaparece una de esas imágenes cotidianas que han acompañado la vida del barrio durante décadas. Sin embargo, permanece el legado de un comerciante que hizo de la cercanía y la confianza su mejor carta de presentación, convirtiéndose, sin buscar protagonismo, en parte de la memoria colectiva de Las Fronteras.

El alcalde, Alejandro Navarro, destacó que Arturo representa «lo mejor del comercio de proximidad», subrayando que su trayectoria de 46 años «ha dejado huella en Las Fronteras y se ha ganado el respeto y el cariño de muchas familias torrejoneras a las que ha visto crecer». «Hay tiendas que venden productos y otras que, además, dejan una huella imborrable en el corazón de un barrio. Ahora le deseamos que disfrute de una jubilación más que merecida», añadió.

Visiblemente emocionado, Arturo recordó algunos de los momentos que más cariño conserva de toda una vida detrás del mostrador. Entre ellos, destacó la preparación diaria de los bocadillos para los trabajadores de los antiguos juzgados, del ambulatorio o de la Policía, cuando su tienda era una parada habitual antes de comenzar la jornada laboral.

«El verdadero valor de una tienda de barrio no se mide únicamente por lo que vende, sino por los recuerdos que ayuda a construir», aseguró Arturo, poniendo palabras al sentimiento compartido por muchos vecinos que, tras 46 años, despiden mucho más que un comercio: despiden una parte de la historia de Las Fronteras.

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