El escritor local Miguel Naranjo acaba de publicar Las vidas de Gleb, su primera novela, con Editorial Autografía. Una historia inspirada en hechos reales que recorre Rusia, Uzbekistán, Cuba, Gran Canaria y Madrid a través de las diferentes etapas de la vida de su protagonista.
Naranjo construye la novela a partir de la historia real de Gleb, un personaje que cambia de ciudad y comienza de nuevo en diferentes momentos de su vida. El desarraigo, la identidad, la familia, la violencia, la diversidad afectiva y la búsqueda de un lugar al que pertenecer atraviesan una obra que apuesta por un lenguaje coloquial, diálogos y un ritmo «casi cinematográfico».
El origen de la novela se encuentra en una conversación casual en una cafetería de Gran Canaria. La curiosidad de Naranjo por el nombre de Gleb hizo que comenzara a hablar con él y a conocer su historia. A partir de aquel encuentro decidió trasladarla al papel. El resultado es Las vidas de Gleb, una novela que, en palabras de su autor, plantea cómo una misma vida puede contener «muchas vidas, muchos amores y muchas oportunidades para empezar de nuevo».
Para empezar, ¿cómo nace Las vidas de Gleb y qué le lleva a convertir esta historia en su primera novela?
La curiosidad de una tarde en una cafetería en Gran Canaria me llevó a preguntar a Gleb por su nombre, porque me resultaba raro y pensaba que sería el diminutivo de algún nombre raro, y no, es nombre ruso. A partir de ahí empezó a contarme su historia y, tras quedarme con la boca abierta escuchando, supe que tenía que contarlo, dar a conocer su historia.
La novela está inspirada en hechos reales y recorre lugares tan diferentes como Rusia, Uzbekistán, Cuba, Gran Canaria y Madrid. ¿Qué hay de real en la historia y qué parte pertenece a la ficción?
Todo el recorrido que hace el protagonista es totalmente real, cambiando de vida cada vez que cambiaba de ciudad.
Gleb vive varias vidas dentro de una misma vida. ¿Qué representa para usted esa idea de tener que empezar de nuevo una y otra vez?
Como cuento en el epílogo, siempre, como idea generalizada, tendemos a pensar que empezar de cero es haberlo perdido todo y volver a empezar, pero esto no es así. Muchas veces empezar de nuevo simplemente es cambiar cuando algo se nos queda pequeño o no nos deja crecer y empezamos con todo lo que ya sabemos. A veces el lugar en el que estamos se nos queda pequeño enseguida y debemos empezar de nuevo en otro lugar, otra vida.
Uno de los grandes temas de la obra parece ser el desarraigo. Gleb cambia constantemente de país, de entorno y de vida. ¿Qué significa para él —y para usted— encontrar un lugar al que pertenecer?
Creo que sobre todo es encontrar personas ante las que no haya que explicar quién eres o de dónde vienes, sentir que puedes quedarte sin pensar en cuál será el siguiente lugar. Cuando tu mente piensa en el cambio, es el momento de cambiar.
También aborda cuestiones como la identidad, la familia, la violencia y la diversidad afectiva. ¿Hay algún tema que considere especialmente importante dentro de la novela?
Creo que la parte más importante del libro es cuando se narra especialmente una brutal paliza que sufre la madre de Gleb por parte de su propia pareja y la paliza homofóbica que sufre Gleb al mudarse a Madrid. Creo que son dos temas importantes en los que hay que reflexionar.
Ha decidido alejarse de una narrativa convencional, con capítulos dinámicos, escenas visuales, diálogos naturales y continuos cambios de escenario y época. ¿Por qué eligió esta forma de contar la historia?
Porque quería que el lector sintiese al leer la novela lo mismo que sentí yo al escucharla y escribirla, por eso está en un lenguaje coloquial, casi cinematográfico y en conversación continua, para poder transmitir sentimientos.
Ha definido la novela como una literatura ágil y directa, con un ritmo casi cinematográfico. ¿Tenía desde el principio esa manera de narrar o fue algo que descubrió durante el proceso de escritura?
Las primeras páginas las escribía a la vez que Gleb me contaba su historia y tenía muy claro que tenía que ser así, una conversación entre dos amigos que se cuentan la vida.
Una historia que transcurre por tantos lugares y etapas vitales puede resultar compleja de construir. ¿Cuál fue el mayor reto a la hora de escribirla?
Documentarme sobre los lugares en los que transcurría la historia, especialmente la parte de Cuba fue muy difícil porque cuanto más investigaba más pena sentía de cómo descubría una ciudad medio derruida y con unos habitantes demasiado pobres. Relatar cómo alguien no tiene ni comida que llevarse a la boca ha sido difícil.
Usted es de Torrejón de Ardoz. ¿Qué relación tiene su propia experiencia con Madrid y con el entorno del Corredor del Henares con la historia que cuenta en la novela?
Para mí Torrejón es el lugar al que pertenezco mientras yo cambio, para Gleb necesitaba cambiar de lugar para cambiar. Cada uno tenemos formas distintas de cambiar o pertenecer y para mí Torrejón y Madrid son mi sitio de pertenencia.
¿Qué cree que puede encontrar un lector de Torrejón o del entorno en una historia que, aunque recorre medio mundo, también tiene a Madrid como uno de sus escenarios principales?
Aunque Gleb recorre medio mundo, el fondo de la novela no habla de geografía, sino de marcharse, empezar de nuevo, buscar dónde encajar. Esto es perfectamente reconocible para cualquier persona de Torrejón o Madrid, donde vemos a diario llegar a personas nuevas que vemos empezar una nueva vida o incluso torrejoneros que se han ido de Torrejón precisamente buscando ese cambio. El verdadero viaje es encontrar tu sitio.
Hay una pregunta que parece recorrer toda la novela: “¿cuántas veces puede una persona reconstruirse a lo largo de una misma vida?”. ¿Cuál sería su respuesta después de haber escrito la historia de Gleb?
Todas las veces que sea necesario. Creo que es precisamente una de las cosas que he aprendido escribiendo la historia de Gleb. A veces pensamos que tenemos una sola vida y que debemos acertar con ella, pero no es así. Podemos cambiar. De lugar, de trabajo, enamorarnos, perder a alguien, equivocarnos, empezar de nuevo y convertirnos en alguien diferente sin dejar de ser nosotros mismos. Gleb se reconstruye muchas veces a lo largo de la novela y creo que, de una manera u otra, todos hacemos lo mismo.
Si tuviera que definir Las vidas de Gleb para alguien que todavía no conoce la novela en una sola frase, ¿qué le diría?
Las vidas de Gleb es la historia de cómo una sola vida puede contener muchas vidas, muchos amores y muchas oportunidades para empezar de nuevo.
Y para terminar: ¿qué le gustaría que permaneciera en el lector cuando cierre el libro?
Me gustaría que se quedara con la sensación de que nunca es tarde para empezar de nuevo. Creo que todos nos podemos ver reflejados en algún momento de la historia. Cuando el lector cierre el libro y mire su propia vida y piense que todavía le quedan lugares que descubrir, personas a las que conocer y nuevas vidas por vivir, para mí la novela habrá cumplido su propósito.
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